La manada de Pepa y Óscar

Lucky, Monchi y Buba descubriendo la nieve hace unos días. :: PEPA TENORIO

Lucky, Monchi y Buba descubren la nieve. :: PEPA TENORIO

 

Escrito por Rocío R. Gavira | Twitter: @RocioRGavira

Mabubu, Bubu, Bu, Buba, Monchi, Nana y Chiquitilla no son una ristra de palabras que podrían salir de la boca de un crío balbuceando. Son los siete primeros miembros de esta peculiar familia de catorce perros (ojo, cada uno con su cartilla correspondiente) que han ido formando Pepa Tenorio y Óscar Ruiz: “El día que nos encontramos a los siete cachorros en un barranco, volvimos por la tarde a la zona y dimos con la madre, Tronca”. Y ya han pasado tres años. Mami, Lauri, Lucky, Kuki, Luna y Rocky son la otra mitad de esta familia perruna. Cada uno de ellos los ha acogido esta pareja -de 30 y 25 años respectivamente- en su casa.

Criarlos no es fácil. Y menos siendo Pepa uno de los cinco millones de parados que hay en España. Aunque cuentan con el sueldo de Óscar, que es electricista, lo más impresionante para ellos es la cantidad de ayuda que han recibido, desde la persona más cercana y que mejor los conoce, como es su veterinaria, hasta gente que “se ha puesto en contacto con nosotros a través de Facebook, sin conocernos de nada y confiando en que no somos unos estafadores, nos han hecho donaciones. La última sorpresa nos la llevamos el mes pasado, cuando recibimos un regalazo: 200 kilos de pienso”.

**Si no puedes ver el vídeo aquí, pincha en este enlace**

 

Los perros le han gustado desde pequeña a Pepa, “en casa de mis padres siempre hemos tenido. De hecho ahora, mi madre tiene cinco y mi hermana otros cinco. En total, somos veinticuatro”, dice riéndose. Pero ocurrió algo que provocó que ese cariño se convirtiera en pasión. Una noche, en enero de 2001, su padre sacó a pasear a los perros. Cerca había un cable que sobresalía de un poste de la luz que no dejaba de echar chispas. “Mi padre no se dio cuenta, y Nela se lanzó cuando él estaba a punto de pisar el cable. Ella murió allí. Le salvó la vida“, recuerda entre lágrimas Pepa. “Desde entonces tengo claro que un perro hace por una persona lo que no haríamos nosotros”.

Para fortuna de esta familia perruna, Pepa y Óscar viven en una casa en mitad del monte donde tienen espacio suficiente para correr, jugar y disfrutar de la nueva vida que les brinda esta pareja. Aunque tiene su contra. Al ser una zona montañosa, de cazadores, en más de una ocasión éstos han abandonado a los perros y más percatándose “de todos los que tenemos nosotros. Quizá lo confunden con un refugio o lo ven como una opción fácil para deshacerse de ellos”. En cualquier caso, los dejen en la puerta de su casa o se los encuentren en una carretera o gasolinera, “no paramos hasta que les encontramos un hogar”.

Son conscientes de que “muchos no entienden ni entenderán está locura, pero somos muy felices al darles un hogar“. Lo normal sería tener uno o dos perrillos, tres como mucho, ¿verdad? Para Pepa y Óscar lo normal es esta jauría por la que sienten pasión, y que con “sólo mirarles ya sé lo que les pasa”, afirma Pepa. “Es una conexión muy especial. Es magia”.

 

>> Noticia publicada en ideal.es  el 07/02/2012

Responder