«Parecía que sus heridas eran incompatibles con la vida»

Vynut reposa en la cama de su casa de acogida. :: R. G.

Vynut reposa en la cama de su casa de acogida. :: R. G.

Escrito por Rocío R. Gavira | Twitter: @RocioRGavira

“Me mandaron las fotos de un perro en muy mal estado. Enseguida avisé al resto de la asociación –Ladridos Vagabundos–. Había que hacer algo por él”. Verónica Contreras –estudiante de psicología de 24 años– quería traer como fuera a Vynut a Granada, el perro que ven en las fotografías y el vídeo (las imágenes pueden herir la sensibilidad) abandonado en una carretera en Córdoba. 

A la mañana siguiente, el 31 de mayo, ella misma junto a su compañera de la asociación Laura Pérez –22 años, también estudiante de psicología–, se plantó en la provincia cordobesa a por Vynut. “Cuando le vi en persona sentí impotencia y rabia. No hay derecho a hacer sufrir tanto a un animal. Vale que no te gusten, nadie tiene culpa de eso, pero de ahí a hacerles daño hasta ese punto…”, expresa Laura sin entender la situación. A la vez le sorprendió que Vynut pudiera seguir vivo en esas condiciones. “Parecía que sus heridas y su estado físico eran incompatibles con la vida. No sabía cómo tocarlo y cómo moverlo para que no se rompiera“.

**Si no puedes ver el vídeo aquí, pincha en este enlace**

 

Hasta que fueron a Córdoba el perro estuvo unos días en una casa de acogida. La chica que le cuidó entonces “no se atrevió a llevarlo al veterinario por miedo a que lo quisieran sacrificar. Estaba segura de que se recuperaría con paciencia y tiempo”, explica Laura. Además, “en Córdoba no tenemos acuerdos con veterinarios que nos hagan un precio más reducido, si hubieran atendido a Vynut allí no habríamos podido asumir los gastos”. Verónica y Laura explican que estos casos extremos la gente se vuelca con las donaciones y gracias a ellos ha sido posible pagar el ingreso y tratamiento completo de este perro de siete años.

El viaje a Granada lo hizo muy bien, apenas se movió de sus mantas. No tenía fuerzas. Vynut se le veía con mucho apetito y sed, así que le dieron un poco de comida y agua con una jeringa, no demasiada por si tenía algo interno.

Una vez en Granada, fueron directas a la Clínica Veterinaria Campanilla. “Entre la veterinaria y yo le bañamos y le quitamos garrapatas durante dos horas. Más de 200 le quedaban y en su casa de acogida en Córdoba le quitaron como 400. Una barbaridad”, dice Verónica sobrecogida.

Si le hacían daño “intentaba morder, claro que sin fuerzas, pero él se defendía que es lo importante. Después de muchas curas se quedó ingresado durante una semana y media”, relata Laura quien resalta la labor de las dos veterinarias Mar Benavides y Miriam Castelló. “Si no hubiera sido por el gran trabajo, las ganas, el cariño y la paciencia, Vynut no habría sobrevivido”, asegura la joven voluntaria. Las propias veterinarias se sorprendieron puesto que en sus cuatro años en la profesión nunca habían visto un caso similar. “Es un claro ejemplo de supervivencia”.

La evolución en los días que estuvo ingresado fue igual de impresionante como su estado inicial. “Avanzaba a pasos agigantados, le encantaba pasearse por la clínica y hacer sus necesidades para después olisquear todas las habitaciones”, cuenta Laura. Hasta que al fin cogió el peso suficiente –en menos de una semana ganó un kilo- para abandonar su ingreso e irse a una casa de acogida.

Desde el 11 de junio está con Natalia Masegosa, de 21 años, que no dudó ni un momento en ofrecerse como voluntaria para cuidar de Vynut. Es su primera experiencia como casa de acogida. “La primera vez que lo vi en la clínica no pude evitar llorar”.

Su estado actual, bastante recuperado. :: R. G.

Su estado actual, bastante recuperado. :: R. G.

Todos los días tiene que curarle cada 12 horas: lavarlo con gasas y un jabón especial para regenerar la piel, echarle un spray en las heridas de la cadera, jarabe de vitaminas, pastillas y una pomada para los ojos tras limpiárselos con suero fisiológico. Describe Natalia que las primeras curas fueron algo complicadas. Le gruñía por el dolor y se mostraba desconfiado. Natalia intentó relajarlo lo máximo posible. “Puse música shiatsu, le acaricié durante más de media hora por todo su cuerpo. Le hablaba en un tono bastante bajo, le curé muy despacito. Le daba salchichas de vez en cuando y así lo mantenía distraído mientras le curaba las heridas”.

Tras crecerle el nuevo vello pelirrojo le llaman el ‘tres pelillos’. Carecía de él en muchas zonas de su cuerpo. Relata Natalia que Vynut duerme y come como un león. Desde el principio les movía el rabito y es muy simpático. Es un perro bastante tranquilo y agradecido. Ni ladra.

Natalia solo espera que una buena familia lo vea y sienta lo mismo que ella: “una necesidad de darle el cariño que no ha tenido, de darle la vida que se merece”. Desea que esté con una buena familia, aunque sea un sentimiento agridulce ya que “va a ser muy duro desprendernos de Vynut cuando quieran adoptarlo, pero a la vez será maravilloso”. Será la señal de que está totalmente recuperado.

 

>> Noticia publicada en ideal.es el 03/07/2012