La alegría de Patriarca

Pepa visita en la clínica veterinaria a Loko.:: RAMÓN L. PÉREZ

Pepa visita en la clínica veterinaria a Loko.:: RAMÓN L. PÉREZ

Escrito por Rocío R. Gavira | Twitter: @RocioRGavira

Conscientes de ello o no, el común de los seres humanos busca la felicidad, y cada uno de formas distintas. Hay personas que encuentran esa dicha en lo material, en tener una grancasa, un cochazo, cientos de lujos que a otros sin embargo no le sirven de nada; no comparten que decenas y decenas de objetos hagan felices cuando a ellos con su familia y sus amigos les sobra lo demás.

Existe una pareja granadina que son felices gracias a los perros, sus peludetes como le llaman cariñosamente Pepa y Óscar. Hace unos días vivieron su última odisea canina. Comenzó de forma dramática y aunque haya terminado con el fallecimiento del perro, Patriarca, para mi se trata de un final feliz, y espero que así lo comprendan cuando lo explique.

Perdonadme porque sé que la base de este blog, ‘Alma de Pollo’, es dar una visión más relajada y simpática de la vida, pero me van a permitir este inciso ya que como algunos saben considero que es importante la concienciación para frenar el abandono animal.

El fin de semana del 10 y 11 de noviembre supe del colmo en este tipo de historias. Un pastor cualquiera de la provincia granadina posee varios perros que le cuidan su rebaño. Uno de ellos, llamado por su salvadora Patriarca, sufrió el ataque de otro can que casi le cuesta la vidaprovocándole heridas muy graves en el cráneo y en toda la extensión de su cuello cuya carne le colgaba. Lo más lógico para este pastor no fue llevarlo al veterinario para sanarlo, o al menos intentarlo. Su opción fue dejarlo morir a unos metros de su casa.

 

Tras ese nuevo calvario, Patriarca permaneció cinco días ingresado en la clínica. Unos los pasaba mal, otros regular, y otros mejor como el jueves que parecía más espabilado e incluso comió.  Apareció la alegría de la muerte, o así lo hubiera llamado mi abuela. Ella decía que era un engaño de la muerte que hacía creer con esos buenos síntomas que la persona enferma podía vivir (se entiende de alguien que esté en muy mal estado). Sea cuento de viejas o no, parece que a los animales también les llega.

Pepa fue a verlo cada día tras el trabajo, y cuando estaba en él llamaba para interesarse por su estado. Patriarca no era suyo, pero como si lo hubiera sido porque en menos de una semana le ha dado todo el cariño y la atención de la que careció a lo largo de su vida

>> Esta entrada se publicó el 17 de noviembre de 2012 en el blog ‘Alma de Pollo’.

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