Adiós, Vynut

Vynut disfrutó también de la playa.:: NATALIA

Vynut disfrutó también de la playa.:: NATALIA

Escrito por Rocío R. Gavira (@RocioRGavira)

Hace unos días me acordé de Vynut pensando en un próximo reportaje, en cómo estaría. Tristes casualidades de la vida, este fin de semana ha fallecido. Su cuerpo no aguantó los problemas hepáticos, neurológicos, y crecidas óseas que se desarrollaron en su interior en las últimas semanas.

Hay imágenes que se le quedan a una clavadas en la mente. De la mía jamás se irán las de Vynut, el segundo caso que hice de maltrato animal. En junio de 2012, la asociación Ladridos Vagabundos me envió unas fotografías muy duras: las de un perro que no parecía tal. Era un saco de huesos comido por su propia piel, con úlceras como manos de grandes. No tenía prácticamente pelo, y en sus ojos se asomaba el miedo. En esas circunstancias se encontraron a Vynut abandonado en una carretera de Córdoba, sin fuerzas y asustado de la mano del hombre (pincha aquí para ver el reportaje, el vídeo es duro). 

Jamás pensé que lloraría por una animal y esa fue la primera vez. Me quedé bloqueada ante el ordenador, mirando una y otra vez las catorce imágenes. No entendía como ese perro seguía vivo. Ni entendía que un malnacido hubiera cometido tal barbaridad. Se pasó varios días ingresado en la clínica Campanilla y cuando estaba más recuperado, se fue con su familia de acogida, Natalia. Esta joven era la primera vez que cuidaba de un perro en estas circunstancias, había que hacerle muchas curas y tenía varios medicamentos que tomar. Pero sin duda, Natalia le ha dado el mejor año de su vida.

Les visité unas semanas después para hacer el reportaje. Vynut tenía más pelo, las heridas con mejor aspecto y lo mejor de todo es que se volvía loco con las salchichas. Le faltaba tiempo para salir de su cama, a pesar de su poca movilidad entonces, y quitársela de las manos a Natalia. Con qué gusto se relamía el tío. Era muy cariñoso y no se asustaba, olisqueaba la cámara. Eso sí, cuando Natalia le curaba las heridas, gruñía de dolor.

Un mes y poco después, en ideal.es hicimos un repaso de los casos de animales abandonados y maltratados en 2012. Natalia me envió un vídeo en el que se ve a un perro totalmente diferente, caminando como cualquier otro por la calle, jugando y con un brillante pelo negro. Ya no quedaba rastro de sus heridas y no habían pasado ni dos meses.

La última vez que vi a Vynut fue en diciembre. Entre las protectoras de animales de Granada (que no perreras, dato importante) y los protagonistas de los casos que recogimos en ideal.es sobre abandono y maltrato animal, hicimos un vídeo de concienciación para la Navidad. Si en agosto Vynut era otro, en diciembre estaba irreconocible. Mucho más gordito y con una vitalidad increíble, incluso con el instinto clásico de perseguir a los gatos por la calle. Aquí Natalia dejó su timidez a un lado para aparecer con él en este vídeo:

Solo vi en persona a Vynut un par de veces, pero saber que pasó del sufrimiento más brutal a ser feliz en su casa de acogida, era una gran alegría. Ahora su cuerpo de ocho años de edad no ha aguantado más y este fin de semana lo han tenido que sacrificar. No había ninguna esperanza de que pudiera vivir. Ya no se movía de su cama, no podía hacer sus necesidades, y casi no estaba comiendo. Ya sufrió bastante en su momento, y ahora descansa.

Natalia le ha dado lo mejor en su último año de vida, el calor de una familia. Le dedica estas palabras:

“Mi queridísimo Vynut: Ya te has ido y no entiendo, ¿por qué no estás aquí conmigo? Sabía que estabas malito y que tu situación no era nada buena, pero jamás imaginé que sería tan repentino. Te llevamos el jueves al veterinario y el viernes recibí la noticia más dura, no había solución y tus problemas físicos superaban tus ganas de vivir. Problemas hepáticos demasiado graves, problemas neurológicos, crecidas óseas (quizás tumorales) junto a un sinfín de complicaciones. Lo único que pude hacer fue llevarte tu camita para que ahí pudieras encontrar descanso eterno. Ojalá hubiera sucedido en casa. 

Te marchaste como viniste: cansado y con la mirada llena del agradecimiento más infinito. Sostenía tu cabecita en una mano mientras te acariciaba con la otra, esperaba que los dos encontráramos consuelo de esta forma, esperaba también memorizar el tacto de la amistad más pura. 

Qué duro es ver que no estás donde siempre, qué duro es buscarte y no encontrarte por ninguna parte, me siento extraña. Tengo el orgullo de decir que tu último año lo has vivido conmigo, que te he dado todo el amor y el calor que quizás nunca hayas tenido, que has sido mi mejor amigo. 

Gracias por dejar que te curara, gracias por quererme, por enseñarme y respetarme, gracias Vynut, por todos los valores que me has transmitido y todas las cosas que me has hecho comprender. 

Te quiero mucho, Natalia.”