Enfrentados por los ladridos de Nala y Greta

Nala y Greta, junto a sus dueños, Inmaculada Rodríguez y Nicolás García.:: GONZÁLEZ MOLERO

Nala y Greta, junto a sus dueños, Inmaculada Rodríguez y Nicolás García.:: GONZÁLEZ MOLERO

El juzgado de lo Penal número 2 de Granada condenó a una pareja a 21 meses de cárcel por los ladridos de sus dos perras tras la denuncia de un vecino

Una hija del matrimonio ha recogido más de 66.000 firmas en la plataforma Change.org en menos de una semana para que se retire la pena

Escrito por Rocío R. Gavira (@RocioRGavira) y Antonio Sánchez (@ansanmu)

La intersección entre las calles Apolo y Virgen de los Remedios de Ambroz, una pedanía de Vegas del Genil, es un lugar tranquilo, una zona residencial en la que es complicado escuchar una voz más alta que otra. Allí, durante cuatro años dos familias vecinas se enfrentaron hasta el punto de tener que llevar el caso a los tribunales. El elemento de discordia eran los ladridos de Nala y Greta, dos perras, raza labrador retriever, que según el juzgado de lo Penal número 2 de Granada causaron «tres delitos de lesiones» contra una pareja y su hija que supusieron una pena de 21 meses de prisión y 3.000 euros para los integrantes del matrimonio dueño de los animales, Nicolás García e Inmaculada Rodríguez.

J. C. M. -prefiere permanecer en el anonimato- denunció a sus vecinos en el año 2011. Asegura que el problema se inició en 2008, cuando se mudó con su familia a la calle Apolo de Ambroz: «Los primeros días nos llamaba la atención los ladridos de los perros del vecino de al lado, pero no le dábamos mucha importancia. Pensamos incluso que al estar la casa vacía y después nosotros entrando y saliendo, pues estarían los perros extrañados y por eso ladraban», señala el demandante. A los pocos meses de ocupar la vivienda J. C. M. y su mujer vieron que la situación de los ladridos no cambiaba. «Él se iba por las tardes, ella se iba a la casa de una vecina de tres calles más arriba, las perras se quedaban solas en los patios, imagina las dos solas en los patios…».

Asegura que habló varias veces con Nicolás García para que solucionara el problema. «Él me decía “son jóvenes, dales tiempo”. Tuvimos que alterar los dormitorios de la casa. Nos gastamos en ventanas especiales y aislamiento 3.000 euros, pero los ruidos entraban por todos lados. ¿Sabes lo que es un ladrido de dos perros adultos, de gran tamaño, pegado a la oreja? Era como tener una discoteca al lado o una máquina excavadora 24 horas al día», relata J. C. M. El estado de salud de M. M., la hija mayor del matrimonio denunciante, fue lo que les llevó a acusar a los propietarios de Nala y Greta y denunciarlos en el año 2011: «Tenía unas taquicardias terribles. Imagina la ansiedad de tener un examen, tener que estudiar y no poder porque te molestan los perros». Varios informes médicos comprobados por IDEAL así lo atestiguan.

 

**Si no puedes ver el vídeo, pulsa en este enlace para visualizarlo**

 

Previo a la denuncia, el Ayuntamiento de Vegas del Genil sancionó a Nicolás García e Inmaculada Rodríguez por «faltas administrativas leves». En marzo de 2012, la Policía Local del pueblo, alertada por varios vecinos, estuvo en el entorno del domicilio para comprobar si los ruidos eran reales y determinó que en la vivienda «existían unos perros que ladraban continuamente». La versión policial cambia radicalmente en un informe emitido tres meses después: «Tras observar durante los seguimientos, no se escuchaba a los animales (…) no ladraron (…) se encontraban en la cochera en buenas condiciones higiénicas».

Si hubo ladridos en su día ya no los hay. Nala tiene trece años y la edad no perdona a esta perra a la que incluso ya le cuesta ponerse de pie. Greta, su hija, cuenta con seis años y sí se muestra más viva y despierta, pero no ladra. De hecho, ambas perras conviven sin problemas ahora con un gato. Varios adiestradores consultados por este diario explicaron que un perro de esta raza, de las más tranquilas que existen, puede dejar de ladrar en una media de un mes con ayuda profesional y la constancia en los ejercicios por parte de sus dueños -incluso menos si se utiliza un método intensivo como el collar antiladridos-.

La familia condenada pertenece a la iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, los mormones, y argumenta que detrás de este conflicto por los ladridos de las perras existe un enfrentamiento religioso. «Le preguntaron a Nicolás por qué iba siempre en traje los domingos y Nicolás le dijo que íbamos a la iglesia. Como no era la misma que la suya, empezaron los problemas», cuenta Inmaculada Rodríguez. El demandante lo desmiente y asegura que no tiene ningún problema en este sentido. A los meses de aquel encuentro, explican, les llegó una citación del juzgado y ellos aportaron como pruebas unos DVD que grabó un investigador privado durante varios días en diferentes horas a las perras, y adjuntaron un certificado veterinario y el de una etóloga en el que se asegura que Nala y Greta «son perros psicológicamente estables y cariñosos que conviven con niños, no vocalizan, no generan micciones y defecaciones u otras alteraciones del comportamiento». Manifiestan además que no se les puede pedir un delito contra el medioambiente porque el Seprona no realizó medición de ruidos.

Nicolás e Inmaculada viven ahora en la calle Santa Bárbara, en una vivienda del IES Ángel Ganivet, del cual Nicolás es profesor, destinada a personal docente. El domicilio se ubica justo debajo del gimnasio y el patio de la vivienda colinda con la zona de recreo del instituto. Allí residen desde octubre de 2012 sin que hayan existido conflictos con los alumnos o maestros -por contrato, deberían abandonar la vivienda si los animales hubieran molestado-. Fruto de este conflicto, Nicolás, su esposa y sus hijas se encuentran en tratamiento psicológico. Él está de baja desde hace varios meses.

Change.org

Una de las hijas de la pareja ha detenido sus estudios a la espera de que la situación se aclare. Al considerar que la sanción es injusta, creó una petición en la plataforma Change.org bajo el título ‘Retiren la condena de prisión a mis padres por cuidar de nuestras dos perras labrador‘, que ha obtenido más de 66.000 firmas en solo una semana y ha contado con el apoyo de algunos personajes públicos como el cantante Melendi o el personaje de televisión Frank Cuesta.

La Audiencia Provincial se pronunciará sobre este caso en pocas semanas. Tanto la Fiscalía como ambas partes recurrieron la sentencia. El ministerio público considera que debe penalizarse un delito contra el medioambiente y pide, en total, siete años y cuatro meses de prisión para cada uno. Los demandantes no tienen «ningún interés en que esta familia vaya a la cárcel», pero reclaman más dinero. «No es un problema con ellos, es un problema de ruidos generado por sus perras», insisten. Los acusados solicitan su absolución al entender que «no existen pruebas de que las perras ladraran».