El último pasodoble para Jacob

Jacob en la playa en Cádiz. Falleció a los 13 años de edad.:: JAVIER OTERO

Jacob en la playa en Cádiz. Falleció a los 13 años de edad.:: JAVIER OTERO

Javier Otero, un joven de Cádiz, despidió a su perro que falleció a los 13 años con un pasadoble de carnaval que emocionó en las redes sociales | Alza la Pata te trae su historia de cerca

Escrito por Rocío R. Gavira | Twitter: @RocioRGavira

“Quien tiene un perro sabe que tendrá, mientras viva, un compañero”. Estas palabras forman parte de la letra que Javier Otero, un joven de Cádiz, le cantó a su amigo perruno Jacob cuando tuvo que decirle adiós, el 15 de octubre de 2013, a sus 13 años de edad. Grabó en vídeo esos minutos en los que el pasodoble de carnaval les servía de despedida. “Parecía que esa letra estuviera dedicada a él. «No te puedes ir sin que te lo cante», le dije. Tuve que cortar cinco veces porque la voz no salía, solo lágrimas”, recuerda Javier. Ese mismo día subió el vídeo a YouTube sin saber que durante los próximos meses la cinta sería viral en las redes sociales. Este es el vídeo:

 

Servidora descubrió el vídeo en agosto de 2014. Intenté contactar con Javier Otero a través de sus redes sociales para entrevistarle y conocer más de cerca la relación entre Jacob y él. Cuando al fin obtuve respuesta, recibí una negativa del joven gaditano a publicar su historia en Alza la Pata. Me gustó tanto este vídeo que quería tener su historia para vosotros . Así que tras insistir un poco, aquí la tenéis.

Con solo dos meses

Jacob llegó a la vida de Javier en agosto del año 2000 con tan solo dos meses. El perro lo elegió su hermano mayor de una camada y era para la familia: “Todos lo cuidábamos y todos lo quisimos”, dice el joven. “Luego mis padres se separaron y mi hermano se fue con mi padre a una casa muy cerquita de la mía. El perro se mudó con ellos también a esa casa y allí lo visité durante 3 años. Más tarde mi hermano volvió a la casa materna y con él nuestro perro”. Desde ese momento vivieron juntos hasta el final de sus días.

Jacob de cachorro.

Jacob de cachorro.

“Era un perro noble y fiel, pero no tonto”, asegura Javier. “No se dejaba hacer determinadas cosas con cualquiera. Sus primeras reacciones siempre eran muy fuertes, aunque luego metiera el rabo entre las patas y agachara la cabeza. Mucho carácter, pero muy obediente”.

En sus 13 años de vida Jacob ha dejado muchos recuerdos. Recuerdos buenos y, como no, trastadas perrunas. “Era un perro muy pícaro. Sabía analizarnos bien para sacar el máximo partido aprovechando el mejor momento. A mi padre le robó bastantes filetes de pollo. Justo cuando se daba la vuelta para sacar cualquier cosa de la nevera, los filetes desaparecían de la encimera. Una vez de un lametazo se llevó todo el paté de cabracho de la mesa de Navidad mientras brindábamos”, relata Javier. Los perros no son tontos y Jacob, como todos, sabía cuando había hecho alguna travesura y “se escondía para no llamar la atención”.

Han pasado algo más de dos años desde que Jacob se marchó, pero la memoria no falla cuando se echa de menos a alguien. “Siempre recordaré cada entrada a la casa. Cada día de Reyes en los que hasta él se ponía nervioso de tantas cosas que había en la casa. Para él también había regalos, claro. Cada rato en la playa, lo que disfrutaba corriendo detrás de las piedras que le lanzaba lejos –continúa Otero–. Cuando le hacía fotos y me posaba. Sus momentos de cariño cuando he estado mal de ánimos, cuando he llorado o cuando me he enfadado. Cuando he estado enfermo y no me ha dejado solo. Cuando me pedía cosas con sus gestos. Cuando me miraba de reojo, cuando se quería hacer el sueco… Demasiados recuerdos”.


Sus últimos años

Aunque en sus últimos años de vida Javier dormía muchas noches en casa de su pareja, siempre encontraba un espacio durante el día para dedicárselo a Jacob. “A diario despertaba a mi madre siempre a la misma hora para ir a la calle por la mañana temprano y se daba su largo paseo con ella. Nos hacía mucha compañía y siempre estaba cerca mía o de mi madre. Por la tarde-noche su paseo era siempre conmigo, estuviera donde estuviera yo siempre volvía para tener ese ratito con él. A veces hasta con amigos que me acompañaban, él se sentaba a mi lado mientras yo charlaba o me tomaba algo con ellos en las terrazas.”

javier-jacobEl viejo Jacob sufría una enfermedad nerviosa degenerativa por la que su parte trasera del cuerpo se desconectaba del cerebro, haciendo que no pudiera controlar sus patas posteriores, ni su esfínter, ni la salida de la orina. “Cada vez podía levantarse mucho menos hasta que llegó un punto en el que arrastraba las patas traseras. En el vídeo se ve como está sentado casi todo el tiempo –explica Javier–. Por su avanzada edad ya era imposible colocarle esa especie de silla de ruedas para perros, porque él no tenía su musculatura tan desarrollada como la de un perro joven para tirar de ella solamente con sus patas delanteras”. La salud de Jacob les preparaba para su inevitable final. “Le costaba hacer su vida normal y la recomendación del veterinario era que no sufriera otro invierno. Así que tomamos la dura decisión de darle descanso”.

El pasoble de despedida

La canción que le canta Javier a Jacob es un pasodoble del Carnaval de Cádiz que pertenece al repertorio de la agrupación ‘El Último Escuadrón’, cuyo autor es José Antonio Cheza, conocido como Nene Cheza. “Cuando lo cantaron en el concurso oficial de agrupaciones carnavalescas me emocionó mucho. Siempre lo retuve en mi mente y de vez en cuando me salía cantarlo en casa, mirando a mi perro –expresa Javier–. El fatídico día en el que nos tuvimos que despedir, quise inmortalizar ese momento que tanto disfrutaba cuando le cantaba y decidí que mi madre nos grabara”.

Tras su pérdida Javier confiesa que tanto él como su familia descubrieron lo importante que era Jacob en sus vidas. “Me di cuenta de todo lo que puede aportar un perro y el vacío que deja tras él. Los perros son la mejor especie que existe sobre la tierra, mejor que los humanos”, afirma.

“Todavía no tenemos fuerzas para tener otro perro en casa. Todo son recuerdos y a veces, sin querer, son gestos que sigues haciendo porque en tu mente él sigue ahí, en el mismo sitio, haciendo los mismos movimientos y diciéndote las mismas cosas. Él no se ha ido”. El joven gaditano cuenta que todo acontecimiento que tiene cabida cada año lo recuerda como si estuviera Jacob, como una Navidad, un carnaval, una Semana Santa, un verano,… “Aún hoy, después de dos años, al abrir el portón de la casa miro a su rincón, buscando su mirada. Y nunca se me borrará esa mirada de ilusión”.

**Si no puedes ver el vídeo arriba, pincha aquí**

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