La sonrisa por contacto

La mano de Luisa, una de las usuarias, acaricia a Garbanzo, uno de los perros de la terapia. :: RAMÓN L. PÉREZ

La mano de Luisa acaricia a Garbanzo. El contacto relaja los músculos. :: RAMÓN L. PÉREZ

Nicolás Montes y Mariola Cruz, junto a sus perros Padi y Garbanzo, realizan Terapia Asistida con Perros en diferentes residencias de mayores de Granada

Este tipo de terapia hace que los ancianos mejoren sus relaciones sociales con sus compañeros, que su ánimo sea más positivo, estén motivados y felices, y refuercen su autoconfianza

Escrito por Rocío R. Gavira | Twitter: @RocioRGavira

Un brillante sol entra por los ventanales de la sala de actividades de la residencia de mayores de Maracena. La habitación está presidida por una televisión que escucha a todo volumen Manolo, uno de los usuarios. Sus paredes, además de estar bordeadas por sillones, se encuentran repletas de dibujos, incluso hay un mural en el que rezan las clásicas películas del cine español que visualizan allí. Faltan pocos minutos para que el reloj marque las cinco de una calurosa tarde de verano de un viernes. Manolo y los que le acompañan se marchan, pues tienen que dejar la sala al primer turno que recibirá de la Terapia Asistida con Perros (TAP). Nicolás Montes y Mariola Cruz, los encargados de poner en práctica este tratamiento y fundadores de la empresa granadina Hachicko Educación Canina, dividen a los 12 usuarios en dos grupos: ella se encarga de las personas con un deterioro cognitivo más avanzado, como casos de Alzheimer o movilidad reducida; y él estará con los mayores más lúcidos.

“¿Dónde están los perritos?”, preguntan impacientes a Nicolás. Por fin son las cinco de la tarde. Los rostros arrugados de los allí presentes se iluminan. Son como niños esperando una sorpresa. Mariola trae consigo a Garbanzo y a Padi, los perros co-terapeutas. La sonrisa y la alegría se apoderan de la habitación. Todos quieren saludarlos.

Está demostrado cientícamente que un perro, sin otro adiestramiento que el básico destinado a posibilitar la conviviencia, reduce la soledad, disminuye el estrés, baja la ansiedad, mejora la comunicación, sube la autoestima, potencia el funcionamiento cognitivo, aumenta la calidad de vida, motivan al paciente y lo estimula de forma psicológica, sensorial y emocional. “La TAP es un tipo de terapia con metas y planes de tratamiento específicos para los usuarios, de acuerdo con cada perfil. La evolución del usuario es documentada, y las visitas y su duración son marcadas con base a sus necesidades”, explica el adiestrador canino.

Nicolás Montes y Mariola Cruz llevan desde el pasado 2015 aplicando esta terapia en centros geriátricos. En concreto visitan una vez a la semana la Residencia para la Tercera Edad Ballesol, el Hogar Fray Leopoldo, ambos en Granada capital, y la Residencia para Mayores Reifs de Maracena, en la que IDEAL pudo conocer el trabajo que realizan con Garbanzo y Padi como ayudantes en la terapia. Trabajan con un total de 88 usuarios entre los tres asilos en sesiones de 50 minutos. “Cada día nos preocupamos más en buscar actividades terapéuticas complementarias a la medicina tradicional –afirma Montes–. Nos apasiona la idea de poder ofrecer nuestra ayuda y la dedicación de nuestros perros co-terapeutas para mejorar la calidad de vida de personas mayores con problemas médicos y desórdenes psicológicos, con carencias físicas, funcionales, cognitivas, emocionales…”

[En el siguiente vídeo verás como trabajan Garbanzo, Padi y sus humanos con los abuelos. Las imágenes fueron grabadas por Studio Sur]:

Terapeutas y co-terapeutas

Nicolás es Licenciado en Pedagogía por la Universidad de Granada y ha realizado el Máster de Experto Universitario en Terapia Asistida por Perros y en Aplicaciones del Perro a la Terapéutica Humana por la Universidad de Sevilla. Además, es adiestrador y técnico en modificaciones de conductas caninas y tutor de prácticas de la Universidad de Granada. Por su parte, Mariola, aunque es Licencia en Filología Inglesa y en Turismo, tras trabajar en los dos campos decidió reinventarse y ayudar a su compañero a llevar a cabo este proyecto con Hachicko Educación Canina.

En lo que respecta a Garbanzo y Padi son dos perros mestizos, es decir, no son los típicos que se conocen para este tipo de terapia en la que se suele usar razas como el golden por sus capacidades dóciles y afables. Los dos eran perros abandonados y salieron de la calle gracias a Nicolás y Mariola. Son dos perros con personalidades muy diferentes, “aunque ambos adiestrados y trabajados para que puedan dar lo mejor de sí mismos”, señala Mariola. Padi tiene casi 5 años, es un mestizo pequeño color chocolate. Su personalidad brilla durante la sesión. Es un culo inquieto y simpático, demandando atención, caricias y se ve que le chifla la comida. Garbanzo, aunque su nombre engañe, es una hembra de casi 3 años, cruce de labrador con bretón. Y todo lo contrario a su compañero perruno. Durante la sesión no da ningún ruido, es una perra muy tranquila y obediente. “Siempre hemos pensado que se puede utilizar cualquier perro para hacer terapia o actividades asistidas. Según nuestra experiencia, un perro mestizo con carácter tranquilo, fiable y con un buen adiestramiento en labores terapéuticas y socialización puede llegar a ser un buen perro co-terapeuta –aseguran los adiestradores–. Animamos a que también los perros sin raza tengan las mismas oportunidades que cualquier otro”.

Evolución de los pacientes

El principal objetivo del proyecto es ralentizar el deterioro físico y cognitivo de los abuelos, así como mejorar la interacción social y el ánimo gracias a la ayuda de los perros, trabajando las capacidades cognitivas como la memoria y la atención. “El contenido emocional que subyace en cada sesión de trabajo pone de manifiesto lo especial del vínculo en la relación afectiva humano-perro. Hay varios usuarios que por su avanzado deterioro cognitivo no atienden a casi ningún estímulo, y sin embargo, son capaces de dirigir su atención hacia el perro y extender el brazo para acariciarlo –manifiesta Montes–. Otros usuarios que gozan de más habilidades físicas y cognitivas experimentan una notable mejoría en sus capacidades sociales y estimulación mental, en su empatía con el resto y, sobre todo, en la mejora de ánimo”.

En la residencia de Maracena trabajan desde hace seis meses, y los resultados saltan a la vista. Las actividades que realiza el grupo de Mariola con los perros son sencillas, como tocarlos, ponerles una corbata, o cepillarles el pelo. “Para ellos significa mucho: ser capaces de relacionarse, de expresar emociones y sentirse útiles”, factores muy importantes en la tercera edad.

Francisca, una anciana con un Alzheimer bastante avanzado, “no quería ver a Garbanzo ni en pintura”, dice Mariola. Y en esta sesión, además de tener a la perra sobre su regazo, le acaricia y le cepilla el pelo suavemente. La alegría de Francisca resalta, la sonrisa no se le borra de su cara.

A Francisca, que padece Alzheimer, le gusta acariciar a Padi. Antes no quería ni ver a los perros. :: RAMÓN L. PÉREZ

A Francisca, que padece Alzheimer, le gusta tocar a Padi. Antes no quería ni ver a los perros. :: RAMÓN L. PÉREZ

Uno de los ejercicios que hacen en el grupo sin deterioro cognitivo o moderado para que las personas mayores interactúen con el animal, Padi en este caso, es darle la orden de que se siente, decirle “muy bien, Padi”, y darle el premio (una chuche perruna), recuerde que los canes actúan por asociación. Y Matilde “consiente por primera vez”, se asombra Nicolás, que Padi coja de su mano el premio por obedecerle al hacer el “sienta” sobre su andador y, además, se ríe. Eso sí, luego se limpia la mano en su vestido. “Hasta ahora no le había dado el premio por miedo a que le mordiera o le chupara la mano”.

Otro ejemplo es el de Concha. Presenta deterioro cognitivo leve, se mueve con andador y “manifiesta una constante necesidad de atención”, según la evaluación de los terapeutas. Al principio, “solo le gustaba ver a los perros, no interaccionar con ellos. Ahora Concha es de las primeras usuarias que están esperándonos en la puerta para asistir a la terapia. Tiene gran motivación por su parte para participar en las actividades y es muy respetuosa cuando están trabajando sus compañeros, esperando pacientemente su turno y disfrutando de la sesión. Concha está de muy buen humor durante las sesiones y pide expresamente acariciar y manipular a los perros co-terapeutas, algo en lo que antes mostraba mucha reticencia”, desgrana Nicolás.

Ángeles por su parte está encantada con la terapia. “A mi de siempre me gustan los perros. Yo ya no veo nada, pero disfruto mucho de este rato con Garbanzo y Padi. Son muy cariñosos y muy buenos. Me gustaría que durara más tiempo o tenerlos por aquí más veces a la semana”.

Pilar, la trabajadora social de la residencia de Maracena, está muy satisfecha con los resultados: “Personas con Parkinson salen del estado de bloqueo al entrar en contacto con los perros; otras que prácticamente no hablan consiguen decir una palabra, y algunos que no se relacionan ni con sus compañeros sí lo hacen con los perros. Casi todos los usuarios están mostrando bastante evolución en cuanto a relaciones sociales con el resto de ancianos. Además, “su ánimo cambia radicalmente durante el transcurso de la sesión, acabando mucho más positivos, motivados y felices, y están reforzando su auto-confianza a la hora de acercase a los perros”, valoran Montes y Cruz.

Los propios abuelos se superan a ellos mismos. “Aunque supone mucha responsabilidad, es muy emocionante comprobar que un animal pueda ayudarnos a ser mediadores del desarrollo social y relacional, educacional, psíquico, psicomotor o funcional de una persona”, expresa Nicolás.

Son casi las seis de la tarde y llega el momento de la despedida, también estudiada para ejercitar la memoria. Medio metro antes de la puerta ya abierta, colocan un par de sillas en las que se suben Garbanzo y Padi. Los abuelos se ponen en fila india y pasan uno a uno delante de los perros. Esta es la despedida: “Adiós Garbanzo, adiós Padi. Hasta el viernes”. Y les acarician.

Más información

Galería. Pincha en el enlace para ver el reportaje fotográfico completo, por Ramón L. Pérez.

1 comentario en La sonrisa por contacto

  1. María
    13 Octubre, 2016 at 1:15 am (8 meses hace)

    Me parece genial!! Pero muchas de estas personas, cuando entraron en la residencia, tuvieron que dejar atrás a sus peludos, que acabaron sacrificados en la perrera. ¿Por qué no permiten las residencias de ancianos llevar con ellos a sus animales?

    Responder

Responder