La herida que le quedó a Mila tras curarla en abril.
La herida que le quedó a Mila tras curarla en abril.

Escrito por Rocío R. Gavira | Twitter: @RocioRGavira

Las imágenes no son nada agradables. Esas heridas que ven en la fotografía y en el vídeo están provocadas por la cuerda que desde cachorra llevó esta perra atada al cuello. Y ya tiene un año y medio. “Cuando al fin conseguimos cogerla y llevarla al veterinario, la raja que le había hecho la soga era de dos dedos de profundidad”, cuenta Mari Carmen Fernández, quien junto a otras compañeras del refugio de Amigos de los Animales de Albolote lograron rescatarla. Tanto ellas como la veterinaria a la que acudieron, voluntaria también en el refugio, creen “que la ataron teniendo tan sólo unos meses y al ir creciendo, la soga se le fue clavando”, explica Marisa López quien tuvo que despegarle del cuello la cuerda para poder desinfectar y limpiar bien la herida. “La perra además presenta una dermatitis, sarna, pulgas y garrapatas por todo el cuerpo y lo más importante: un miedo atroz a la gente”, asegura la veterinaria. El tratamiento que se siguió fue “con antibióticos y curas diarias donde se le tenía que lavar la herida y aplicar crema cicatrizante y, por supuesto, tratar la sarna. Todo esto había que hacerlo con bozal porque los primeros días mordía del propio miedo”.

La perra, a la que decidieron llamar Mila, “porque ha sido un verdadero milagro que haya sobrevivido con lo apretada que tenía la soga”, afirma Mari Carmen, hacía varios meses que estaba abandonada en una zona cercana a las vías del tren en el polígono Juncaril. Mari Carmen y su compañera del refugio, Pilar Quintanilla, dieron con ella a través del hijo de la primera que fue quien se la encontró. Pero según cuenta Javi, un hombre que trabaja en la agencia DHL que está justo en esa zona, “la perra llevaba dos meses abandonada antes de que alguien se preocupara por recogerla”. Eso fue allá por enero. Es más, estaba atada también por las patas y al menos de ahí consiguió desatarle la cuerda, según cuenta. Durante ese tiempo él mismo le dejaba comida y agua, ya que no podía llevársela a su casa.

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**Si no puedes ver el vídeo aquí, pincha en este enlace**

 

Mari Carmen y Pilar relatan que “la perrilla tenía verdadero pánico a los animales. Aunque le pusiéramos de comer, ella no se acercaba, salía corriendo y después volvía”. Durante mes y medio ambas hicieron guardias para vigilarla e intentar cogerla “porque no había manera”, continúa Mari Carmen. Da igual la hora que fuera, “las siete de la mañana, las once de la noche, aquí estábamos todos los días, pero ella siempre salía corriendo hacia el boquete que da a las vías del tren”. Al miedo que tenía Mila a los humanos se unió que ya reconocía a estas dos voluntarias del refugio Amigos de los Animales, y las dos llegaron a estar muy preocupadas porque “la soga cada vez le iba apretando más“. Hasta que un día a Mari Carmen se le encendió la bombilla: “me fui a comprar tela metálica para elaborar un tubo y colocarlo tras el boquete por el que siempre se escapa”. Aquel día de abril fueron varias compañeras del refugio para cubrir las posibles zonas por las que podía salir pitando la perra, y al fin lograron con ese invento rescatar a Mila. “Cuando se metió en el tubo, le pusimos el bozal, porque nos mordió a todas del miedo que tenía y la llevamos inmediatamente a la clínica veterinaria a que la viera Marisa”, prosigue Mari Carmen.

La única secuela física que le ha quedado tras tantos meses con la cuerda clavada en su piel, además de la cicatriz, ha sido la piel colgando por la parte superior e inferior de la herida. Así que tras la atención veterinaria, se la llevaron para el refugio donde ha permanecido desde entonces. Allí la tienen apartada del resto de animales principalmente por lo asustada que estaba después de todo lo que ha sufrido. “Al principio no quería ni que nos acercáramos, y ya nos deja cogerla y acariciarla”, dice Pilar, “y también está más gordita”, continúa sonriendo. Mila es una perra de caza y para Pilar “es una poca vergüenza que los cazadores abandonen a su suerte a estos animales tras usarlos, como si fueran clínex”.

Mila está recibiendo en el refugio Amigos de los Animales toda la atención y el cariño necesario para que se recupere, y poco a poco lo está logrando. Incluso Javi, el chico que le daba de comer y beber, va a verla cada vez que puede. “La quiere mucho”, afirma Mari Carmen. Allí lleva aproximadamente un mes y medio. Tan solo queda esperar que se recupere del todo y encuentre una familia que le dé el cariño necesario y la quiera para el resto de su vida.

 

>>Noticia publicada en ideal.es el 31/05/2012