La podenca minutos después de los disparos.
La podenca minutos después de los disparos.

 

Escrito por Rocío R. Gavira | Twitter: @RocioRGavira

El caso de la podenca tiroreada en Motril sigue adelante en los juzgados. El pasado día 28 de agosto, tal y como estaba previsto, el juez tomó declaración al matrimonio que socorrió a la perra antes de llevarla al veterinario. Ambos mantuvieron la misma versión que en su momento dieron al Seprona, el 3 de mayo, cuando ocurrieron los hechos. Escucharon un fuerte estruendo -correspondiente a los disparos de escopeta que causaron las graves heridas de la muerte de la podenca-, y siguieron el reguero de sangre que les llevó hasta el rincón donde se refugió el animal. Allí le encontraron con las patas traseras destrozadas, el pecho abierto y la cara arañada por los perdigones.

El juez también tomó declaración al dueño del invernadero donde ocurrieron los hechos. De nuevo, el propietario aseguró que no estaba en ese momento en el invernadero y que podía justificarlo “pero no aportó nada que lo documentara”, indica Mayte Martín, una de las abogadas de la acusación popular (presentadas como tal PACMA y la asociación APAF- Motril). Aún así, “fue correcto y amable, indicando a su vez que a él también le han envenenado animales”, señala la abogada. Recordemos que en la misma zona donde tuvo lugar el tiroteo de la podenca, el paraje de las Zorreras de Motril, varias vecinos con perros y gatos los han perdido, desde la primavera de 2012, a causa de envenenamientos, disparos, y trozos de comida con agujas o clavos.

En cuanto al agente del Seprona que atendió el suceso, indicó que la actitud del propietario del invernadero fue correcta. Sin embargo, “la actitud del imputado fue nerviosa, diciendo que los perros le molestan”, afirmó el agente. Además, el imputado dijo que no había escuchado ningún disparo, aunque también le había dicho que estaba esa tarde en el cortijo, el cual se encuentra a pocos metros del invernadero, según relató el agente del Seprona. Él mismo confirmó, nuevamente, que los disparos se habían realizado con una escopeta de caza, “pero como el imputado ya no tenía armas, supuestamente las había transmitido a su hermano, no pudieron requisar ninguna para comprobar si se había disparado o no”, señala Mayte Martín.

Nadie vio al acusado, que responde a las iniciales de F. P. G.; de momento, nada se sabe del arma causó las graves heridas de la podenca. A pesar de estos obstáculos, el Partido Animalista no se rinde: “Esperamos que el juicio se lleve adelante con el mismo interés que con otros delitos y no se baje la guardia por ser un delito de maltrato animal”.

Sin duda es un caso que no puede pasar de largo. Un ser humano tuvo la sangre fría de disparar con una escopeta varias veces a una perra. En plena calle. Al parecer, al imputado le “molestan los perros”. Si todos tiroteáramos a todo lo que nos molesta, el mundo sería una auténtica locura. El acusado tiene que pagar por tal barbaridad.

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