Dona tomando el sol en su verdadero hogar.
Dona tomando el sol en su verdadero hogar.

Casi un año después, Paco ha podido abrazar de nuevo a Dona, desaparecida en Granada y rescatada la semana pasada de las vías del tren

Escrito por Rocío R. Gavira | Twitter: @RocioRGavira 

Dona vivió durante ocho largos meses escondida en las vías del tren de la estación de Granada. Los trabajadores y viajeros que le ayudaron en ese tiempo creían que era una perra abandonada. Pero, por suerte, se equivocaron. La semana pasada dos personas salvaron a Dona y al cachorro, que allí parió, de las vías del tren. El jueves pasado, llevaron a Dona al veterinario para examinarla y esterilizarla. La sorpresa vino cuando le pasaron el lector de chip: su desaparición estaba denunciada desde hacía casi un año. “No nos lo podíamos creer, no imaginábamos recuperarla después de tanto tiempo”, dicen embargados por la emoción Paco y Suad, su familia.

Paco, que vive en Madrid, no tardó ni 24 horas en plantarse en Granada a por Dona. La semana pasada, durante la grabación del reportaje tras el rescate, Dona estaba inquieta, alerta a todo y con el rabo entre las piernas. Nada tiene que ver la perra de la semana pasada con la del vídeo del reencuentro:

“Tenía miedo de que no me reconociera”, confiesa Paco. A pesar de lo delgada que la vio, la alegría que siente lo supera todo el dolor. Esa noche Dona no se separó de él, siempre a su lado. Intentó sacarla a la calle antes de dormir, pero no hubo manera. “Comenzó a rechinar los dientes, el corazón le iba a mil, temblaba. Era como si estuviera reviviendo la noche en la que se perdió”. Subieron de nuevo al piso y ambos disfrutaron de su compañía hasta que ella se durmió. “Me miraba -continúa Paco- como si quisiera contarme lo que le ha ocurrido durante estos meses”.

Nochebuena de 2012

Paco y Suad viven en las afueras de Madrid. Adoptaron hace cuatro años a Dona. Unos vecinos les avisaron de que había una cachorra a las puertas de un Mercadona. “Por eso se llama así”, recuerdan. De primeras no se la llevaron, pero su mirada se les quedó clavada y regresaron a por ella. Desde entonces no se separaron: “Todo lo que tiene grande, lo tiene de buena e inocente”.

En diciembre de 2012 vinieron a Granada a pasar las navidades con el hermano de Paco, que vive en Los Pajaritos, y con ellos también Dona. Tras la cena de Nochebuena, la sacaron a la calle. “Comenzaron a tirar petardos. Dona se asustó mucho, se escapó y salió corriendo”, relata Paco. La buscaron sin cesar durante esa noche. Gritaron su nombre, recorrieron todas las calles, pero no la encontraron. Repitieron el proceso los días posteriores hasta que se tuvieron que incorporarse al trabajo y volver a Madrid con todo el dolor de haberla perdido. No les quedó otra que denunciar su desaparición, envolver el barrio de carteles con su foto y esperar. “Siempre he tenido la esperanza –continúa Paco- de que alguien la encontrara, la llevara al veterinario y a través del chip nos localizaran”.

Dona en el portal donde apareció por primera vez.
Dona en el portal donde apareció por primera vez.

Además de la denuncia, se pusieron en contacto con ‘Animales Perdidos en Granada‘, una página de Facebook en la que hay decenas de perros y gatos perdidos. Paco veía como algunos de esos animales perdidos conseguían volver con sus familias. ¿Por qué Dona no iba a tener la misma suerte? De hecho, a los pocos días Dona apareció en un portal no muy lejos de donde se perdió. Todavía Paco estaba en Granada, pero cuando se vino a enterar, se escapó de nuevo.

“Durante estos meses, nos dieron varios avisos. Unos la habían visto por la calle, otros cerca de la estación. Pero íbamos a buscarla y no había manera. Ni mi hermano que vive en esa zona conseguía localizarla”, explica Paco. También preguntaron varias veces en la estación de tren, hablaron con trabajadores e intentaron poner carteles, pero no les dejaron. Paco y Suad regresaban, una vez más, a Madrid y sin Dona. Y ella estaba allí mismo, tan cerca y tan lejos a la vez.

De vuelta a casa

Hace tan solo 15 días que Paco y su mujer se preguntaban qué hacer con las cosas de Dona: su cama, su cuenco, sus juguetes. Y justo cuando se lo planteaban, aparece. No tuvieron valor de guardarlas: “Todo ha permanecido como estaba”, dice Paco que regresó con Dona al día siguiente a Madrid. El domingo, ya tenía visita de amigos y familiares deseando volver a verla. Según cuenta la familia, parece que Dona no hubiera faltado estos meses, “está muy contenta, jugó mucho con los niños de mis amigos y con su perro”.

Solo hay una cosa que no entienden Paco y Suad, que con toda las personas que la han visto durante diez meses “a nadie se le ocurriera llevarla al veterinario para ver si tenía chip, si tenía familia”. Esa es la esperanza que siempre guardaron, el chip. Pero todo eso ya pasó porque Dona está de nuevo en casa. “Es lo mejor que nos podía haber pasado este año”.