Las últimas horas de Excálibur.
Las últimas horas de Excálibur.

¿Por qué un perro consigue movilizar y cabrear a tantos tras el primer contagio del Ébola en España? La cuestión va más allá de quedarse en la “anécdota”

Escrito por Rocío R. Gavira | Twitter: @RocioRGavira

La muerte de Excálibur, el perro de la sanitaria contagiada por el Ébola en España, no dejó indiferente a nadie. Unos estábamos espantados por las prisas que le entró al Gobierno de sacrificar al animal, inocente él, sin comprobar previamente siquiera si estaba infectado o no por el mortífero virus. Y otros permanecían asombrados –y seguirán así– porque la gente quiso ayudar a Excálibur. Solo era un perro, ¿no? Para qué molestarse por un animal.

Excálibur logró ser tendencia, mundial y nacional, durante dos días en Twitter con el hashtag #SalvemosaExcalibur. ¿Por qué un perro consigue movilizar y cabrear a tantos tras el primer contagio del Ébola en España? La cuestión va más allá de quedarse en la “anécdota” y supuestamente “olvidarse del asunto central”, como han afirmado muchos, que es la crisis sanitaria que vive España. Ojo, que nos preocupemos de un animal no significa que descuidemos a las personas. Ni por asomo. Por fortuna, la relación entre humanos y animales cambia cada día, a mejor. Ayudar a personas y a animales no es incompatible, son sentimientos complementarios. De hecho, defender la vida de Excálibur fue la respuesta a la petición de auxilio de su humano, el esposo de Teresa. Ayuda de personas a personas.

Fue Javier quien lo dejó claro: “Mi familia somos el perro, mi mujer y yo”. Solo quien tenga un perro en casa entenderá lo que significa querer a uno de estos bichos’. Les cuidamos, les queremos, les atendemos y ellos nos dan su cariño infinito. Un vínculo que se fortalece por días. Imagina el lazo que se creó entre una pareja que no podía tener hijos, como Teresa y Javier, y Excálibur. El amor no entiende de especies.

No me puedo imaginar la terrible situación por la que atraviesa este matrimonio, ni tú tampoco. Pero sí sé cómo me sentiría si me llaman y me dicen “vamos a sacrificar a tu perro”, y encima “por si acaso”. Duele una barbaridad. Sin plantear ninguna otra solución. Solo la muerte. Fue pura empatía lo que llevó a tantas personas a reaccionar en favor de Excálibur. Si al final la eutanasia era la única vía sí o sí, de acuerdo, solo quedaría aceptarla con pesar. Pero fue injusto hacerlo sin tener la certeza de que el perro estaba infectado por el Ébola.

El común de los mortales nos movemos por lo que sentimos como nuestro, por lo que sentimos cerca. Lo lejos queda en un segundo plano respecto a lo que tenemos en casa. Nos afecta más el injusto sacrificio de un perro aquí, porque automáticamente piensas en el tuyo, que las 3.400 personas muertas en África y 7.500 infectados. El Ébola existe desde hace 40 años y ahora, cuando le ha afectado a un blanco, cuando ha salido en los telediarios, cuando el Gobierno se gasta un dineral en vano por mirar tanto las razas de los seres humanos, entonces, mira tú por dónde, le prestamos atención. Nadie se ha acordado del continente negro hasta el momento, ni mucho menos del Ébola. Así que por favor, no seamos hipócritas.

 

Imagen de André Carrilho.
Imagen de André Carrilho.

 

Es una situación para reflexionar. Matar a Excálibur “por si acaso” –ni sacrificarlo, ni el verbo inventado “eutanasiar”, ni leches–, sin el consentimiento de sus humanos ha sido la gota que colma el vaso de la indignación de los ciudadanos que, como si no fuera suficiente con el percal español, ahora nos topamos con la pésima gestión sanitaria y política frente al primer contagio de Ébola en Europa. ¿De verdad eran tan difícil hacerle unas pruebas al perro, una triste analítica? ¿Era más fácil sacrificarlo? ¿Sin saber si estaba infectado, sin saber si era un potencial reservorio del virus? Detrás de la muerte de Excálibur existe un evidente tinte político. Acabar con su vida era la forma rápida de cerrar otra posible puerta, otro posible foco del virus, sin saber verdaderamente si lo era o no. El camino directo a tapar equivocaciones.

Probablemente el planteamiento del gran comité de expertos de la Comunidad de Madrid fue “muerto el perro, se acabó el Ébola”. Dicho y hecho. “No tenemos instalaciones apropiadas en España para dejar al animal”, lamentaba el catedrático de Sanidad Animal José Manuel Sánchez Vizcaíno. Se conoce que para los humanos tampoco, según afirman los expertos europeos sobre el Carlos III. Desde todo el mundo, científicos y veterinarios pedían no sacrificar a Excálibur. “No hay que matar al perro porque es importante para la ciencia”, opinó Eric Leroy, el mayor experto mundial en el papel de los perros en los brotes de Ébola. También el presidente del Consejo General de Veterinaria, Juan José Badiola, aseguró que hasta el momento no hay ningún estudio que haya demostrado que el virus del Ébola se pueda contagiar de seres humanos a perros. La ciencia ha perdido esta oportunidad. Y quizás el perro haya muerto completamente sano.

Ojalá Teresa supere la enfermedad y vuelva a casa junto a su marido. Excálibur ha sido el único paso del protocolo, hasta el momento, que no han dudado en cumplir, que no ha fallado. No creo que la decisión de sacrificarlo haya sido ni lo más humano ni lo más inteligente. Es desolador ver que la incapacidad de nuestros políticos la pague una familia con su salud, la pague un perro que llevaba dos días solo en casa, sin Teresa, sin Javier. Sin saber por qué. Aullaba desde la terraza, mientras observaba a las decenas de personas que se agolpaban a las puertas de la urbanización. El miércoles por la tarde sintió cómo entraban en casa. Eran desconocidos, disfrazados con trajes extraños. Allí mismo terminó su vida. El alma de Excálibur se apagó tras 12 años, sin una última caricia de su familia, sin un último abrazo, sin un último “eres un buen perro”.

 

excalibur-negro-ebola-cielo

 

 

Información relacionada:

16/10/2014: El marido de Teresa Romero escribe a su perro y le promete que se hará justicia